REVISTA LUNES: Entrevista a Mercedes Araujo, autora mendocina.


 "El destino de cada uno es el destino com√ļn”

Mercedes Araujo, por Ana M. Quiroga Larrieu para Revista Lunes

Foto: Martín Castillo Morales
Conversamos con esta autora mendocina que acaba de publicar su primera novela, La hija de la cabra, situada en su tierra natal. La prosa de Araujo despliega una historia de traiciones y amores trágicos, desde una narrativa que juega con las reglas del lenguaje y construye un mundo de profunda unidad entre el paisaje desértico y los seres que lo habitan.

La hija de la cabra nace de la aparici√≥n de una voz, la voz de una india, Juana, surgida durante el trabajo de escritura en un taller. Desde esa aparici√≥n, se√Īala Araujo, “la escritura ten√≠a que ir revelando la forma en que esos personajes piensan, hablan... su cosmogon√≠a que es tambi√©n su lenguaje".
Ese taller, realizado con Alicia Dujovne Ortiz, la autora lo refiere “porque pienso que uno no escribe solo. A veces escribo simplemente con otro autor en la mesa, la lectura que tenga en el momento. Para la novela, un libro al que yo iba, era el Eisejuaz, de Sara Gallardo, me parece que ella hizo un proceso similar en esa b√ļsqueda.” Araujo refiere tambi√©n para el desarrollo de su novela la labor junto a Cristina Pi√Īa. Y entre las “maestras” que ha encontrado en su devenir escritora, reconoce el trabajo fruct√≠fero en los talleres de la poeta Irene Gruss.
La hija de la cabra obtuvo en 2011 el Primer premio del Fondo Nacional de las Artes, en Argentina. El a√Īo anterior, con La Isla, Mercedes Araujo hab√≠a recibido la Tercera menci√≥n de la misma entidad en la categor√≠a poes√≠a. En La isla el lector es convocado a un universo primitivo, de sucesivas metamorfosis que ocurren a veces como estrategias de supervivencia. Este libro breve y exquisito puede ser le√≠do tambi√©n como un solo poema, como el diario de una espera en un espacio insular, donde d√≠a a d√≠a se van registrando los distintos estados y observaciones de una voz que tambi√©n transmuta.
En La hija..., el uso de la sintaxis y la ruptura de las reglas juegan a favor de un discurso que transita del narrador principal a un personaje y luego a otro, sin aviso y con una soluci√≥n de continuidad que –con la misma naturalidad que ocurren las metamorfosis en La isla- sumerge al lector en un universo donde todos los elementos est√°n profundamente vinculados.

-Con diferencias, tanto en tu poemario La isla como en La hija de la cabra, expres√°s una cosmovisi√≥n con una presencia muy fuerte del elemento primitivo, las permanentes metamorfosis de lo humano a lo animal y luego a lo vegetal, el protagonismo de los animales... ¿De d√≥nde consider√°s que viene eso?

-Es algo que siempre me pregunto…  Porque ese es el material con el que uno trabaja,  al que uno accede en el momento en que lo puede poner en lenguaje, porque no tiene una racionalizaci√≥n previa. Lo que s√≠ tengo es un gran inter√©s por los universos, los mundos, las transmutaciones. S√© que la esencia de la transmutaci√≥n o la metamorfosis permanente de lo material es mi b√ļsqueda, pero hay algo sedimentario que no s√© exactamente cu√°l es el lugar de d√≥nde eso proviene. Supongo que si uno utiliza las categor√≠as del psicoan√°lisis dir√≠a que es material del inconsciente que se revela en el proceso de la escritura, o tal vez una especie de inconsciente colectivo, de donde vienen los arquetipos, los mitos... Lo dif√≠cil, cuando todo eso aparece, es darle el cauce, poder decirlo, que el lenguaje enuncie una idea que est√° abierta, que es filos√≥fica y a la vez de dejarla fluir, hay que darle forma art√≠stica a eso.

-¿Ten√©s una formaci√≥n religiosa?

-Vengo de una familia católica y tuve esa educación que quizás me dejó las lecturas fascinadas de textos bíblicos, pero ya no con un sentido religioso, sino más bien literario: el mito, lo sagrado, lo primitivo... Todos esos temas son lugares donde voy a abrevar. Ahora, en este momento me interesa el budismo, por ejemplo, como filosofía, como explicación del mundo, de la transformación permanente.

-Ese protagonismo y presencia del elemento animal en tus obras, ¿es algo que cre√°s como recurso o tiene que ver con algo vivencial?

-Lo siento como algo de la infancia, en contacto con la naturaleza, veranos pasados donde los ni√Īos pod√≠amos andar cada uno a su gusto sin tener demasiadas obligaciones. Me acuerdo de tener casi como una obsesi√≥n por ciertas cosas que tienen que ver con lo natural. Hac√≠a colecciones de hongos, de bichos... Quer√≠a rodearme de todos esos seres. Los nidos de p√°jaro me daban necesidad de tomarlos, la relaci√≥n con los caballos, esa fuerza, esa energ√≠a. Lo siento como algo necesario. Me fascina la forma en que viven los animales.

-¿Te parece que los animales tienen un estatus ontol√≥gico inferior?

-No, es m√°s, si bien son tantos los problemas ecol√≥gicos en el mundo, hoy se habla mucho, aunque todav√≠a no se avanz√≥, de los derechos de los animales. Por eso me interesa estudiar el budismo. Creo que es la √ļnica filosof√≠a que entiende el estatus ontol√≥gico animal y humano en pie de igualdad.

-¿C√≥mo describir√≠as el devenir de La hija de la cabra, su proceso creativo?

-Hubo dos cuestiones que a mí me decidieron a escribir ese texto en particular, que es la aparición en un momento dado, de una voz, la del personaje femenino de Juana, y la necesidad de que el desierto, la tierra, el entorno, pudiera ser un personaje principal en la trama. El paisaje con las características que tiene termina marcando las posibles vidas o destinos de los personajes. Luego trabajé con los conflictos clásicos de las tragedias.

-Hay traiciones...

-Sí, hay traiciones y al mismo tiempo no son traiciones, porque tienen que ver también con la posibilidad de supervivencia de cada personaje. El enfrentamiento con la Ley y la rebelión del personaje femenino que es una especie de heroína que finalmente logra salir de aquello que tiene mandado. Fui haciendo uso de esas estructuras clásicas que me vienen de lecturas, de haber leído mucho a Shakespeare u otras tragedias.

-Hay un sino tr√°gico, en ese personaje, “el blanco", de quien nunca sabemos el nombre. En un principio me hizo recordar a Mart√≠n Fierro, que huye al desierto y no puede escapar al destino.

-“El blanco” siempre queda atrapado por su propia huida. Es un personaje que la particularidad que tiene, su naturaleza (y √©l mismo reflexiona sobre eso), es la de ser fugitivo, huir para donde sea, y en esa huida es donde queda atapado, con esa necesidad permanente de estar y√©ndose y sin embargo no pudiendo ir a ning√ļn lado.

“Lo que me interesa es el trabajo con el lenguaje”

-¿Tuviste que investigar para hacer esta novela? Como lector, uno cree percibir una serie de saberes poco habituales, en c√≥mo se describen ciertas habilidades o la relaci√≥n de los personajes con el entorno.

-Investigu√© un poco cuando empec√© a escribir la novela. Me instal√© una semana en una biblioteca p√ļblica en Mendoza, le√≠ relatos hist√≥ricos de viajeros que daban cuenta de c√≥mo era la regi√≥n. Pero no quer√≠a quedar entrampada en la novela hist√≥rica, porque lo que a m√≠ realmente me interesa es el trabajo con el lenguaje.  Por eso la novela no tiene ninguna clave para saber exactamente en qu√© momento transcurre. Hay algo que es arcaico, que es m√°s primitivo, costumbres pre modernas, lenguajes que responden a ese momento. Pero no hice un estudio hist√≥rico, sino m√°s bien de datos.
Y lo que sí está, si bien es todo ficcionalizado, es la cuestión del agua. Cuando me recibí de abogada, empecé a estudiar como especialidad el Derecho de Aguas. En Mendoza es riquísimo ese tema, porque hay una ley de cómo se administra el agua desde 1884, la misma que está vigente hoy. Esa cuestión particular y de cómo las lagunas se habían secado porque les habían desviado el agua, y cómo los personajes que viven allí no pueden saber, no tienen acceso a esa decisión política porque viven aislados y en su propio universo. Entonces atribuyen la sequía a los dioses, a las traiciones, al Bien y al Mal...

-De alguna manera, en la novela abordás una reivindicación sumamente actual, al hablar del problema del agua...

-Sí, y es un problema que sigue existiendo en todo el país. Es fuertísimo el tema y lo va a seguir siendo. No es solo un tema del pasado, sino del futuro, tiene que ver con la riqueza de los pueblos.

-La novela se desarrolla en las lagunas de Guanacache, y vos se√Īal√°s en una entrevista al diario Los Andes que all√≠ es “el primer lugar donde hubo vida comunitaria huarpe, antes de la llegada de los espa√Īoles”, y que en ese lugar “el destino de cada uno tiene que ver con el destino de todos”. Por lo que dec√≠s, la idea de “comunidad” se traduce en un valor. ¿Qu√© pasa hoy, seg√ļn tu mirada, con el sentido de comunidad, en nuestra sociedad?

-Es una posici√≥n pol√≠tica, te dir√≠a, una forma de ver la realidad. Creo que hoy se est√° recuperando, pero el sentido de comunidad estuvo desguasado, roto, quebrado, por veinte a√Īos o m√°s, en nuestro pa√≠s. En el sentido de que cada uno se hace cargo solo de su propia vida, y hay esos cuestionamientos de que "la pobreza es un problema del pobre", "la comunidad es un problema √ļnica y exclusivamente de los pol√≠ticos"...
Toda esa ruptura enorme respecto del destino comunitario que tenemos es una gran fantas√≠a del sistema capitalista. Creo que por suerte est√° empezando a cambiar esa idea de sociedad, que la tuvimos en alg√ļn otro momento anterior. Sobre todo a nivel regional, porque es bastante in√©dito que pa√≠ses que tenemos nuestra propia idiosincrasia latinoamericana podamos tomar decisiones en forma conjunta. Hay aprendizajes hechos que tienen que ver con la posibilidad de funcionar como un verdadero continente.
Tambi√©n el sentido de comunidad lo relaciono con lo primitivo, al no estar all√≠ esa supra estructura que termina gobernando los destinos pero marcando sus reglas de juego. En el viaje a √Āfrica que hice lo he visto: ah√≠ todav√≠a se mantiene claramente que el destino de cada uno es el destino com√ļn. En las organizaciones que tienen menos andamiaje superpuesto, pol√≠tico, econ√≥mico, es donde se puede ver mejor.



Comentarios

Mart√≠n ha dicho que…
¡Linda entrevista!

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